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söndag 3 maj 2015

17 jóvenes de la Misión Hispana en Estocolomo recibieron la Confirmación el domingo 26 de abril del 2015.

Todos ellas radiantes de alegría y llenos del Espíritu, dispuestos a testificar su fe y a anunciar a Cristo Resucitado.









söndag 7 oktober 2012

TODO LOS NIÑOS SE BAUTIZAN EN LA" FE " DE SUS PADRES Y PADRINOS...ELLOS RECIBEN LA LUZ DE CRISTO PARA TRANSMITIR LA FE PARA SIEMPRE.

lördag 18 augusti 2012

ATRAVEZAR EL AÑO DE LA FE SUPONE INICIAR O CONTINUAR UN CAMINO QUE DURA TODA LA VIDA. Y uno de los medios para atrevezar este AÑO, que el santo padre nos propone,  es la formación catequética, espacio para prepararnos a los sacramentos que son los medios que Dios nos da en la Iglesia para crecer y fortalecernos en la fe, el gran regalo de Dios para darle sentido a nuestra existencia, para vivir en El y desde El y para vivir unidos como una sola familia, llamada a hacer presente el Reino de Dios en el mundo que nos ha tocado vivir. 

La Misión Hispana les invita a inscribir a sus jovenes, niños o adultos a los diferentes cursos de catequecis que iniciarán el 9 de septiembre. Las inscripcciones son los domingos, después de la Misa de 14:00 horas. Recuerden que todos somos responsables de nuestra fe, y por lo tanto de formarla y saber dar razón de ella a los demás. 

LOS ESPERAMOS!!!!

P. Cristian Vargas (rector) 

HNAS. CARMELITAS (CMST)

Y UN GRUPO DE ANIMADOS CATEQUISTAS, COMPROMETIDOS POR EL REINO. 

söndag 13 maj 2012

Confirmaciones 2012- Homilia obispo


Siempre es una alegría inmensa cuando una persona quiere ser verdaderos cristiano y vivir de la misma manera de Jesús. Al mismo tiempo sabemos que esto no se puede hacer sin la ayuda de Jesús. Los sacramentos siempre nos ofrecen  esta ayuda de Dios que llamamos gracia. Por medio de esta gracia Dios entra en nuestro mundo interior para transformar nuestro corazón de piedra, para que podamos amar a Dios y a los demás con el mismo amor de Jesús. En el Evangelio de hoy dice Jesús: este es mi mandamiento que os améis los unos a los otros como yo os he amado, nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. 


Este es el mandamiento más importante de Dios, pero también el más difícil. Como será posible que nosotros tan pecadores, tan débiles podamos trabajar del mismo modo que Jesús. Sólo por medio que la gracia que Dios nos ofrece se puede realizar este mandamiento y hoy algunos de vosotros van a recibir esta gracia de Dios, de una manera muy especial en el sacramento de la confirmación. Y de hecho, ustedes, queridos confirmandos, no van a recibir este sacramento para su propio gusto,  si no para poder amar a Dios y a los demás con el amor de Jesús, de tal manera van a entrar y vivir en el corazón de la Iglesia, donde tenemos las armas, como Jesús nos ha amado. Cada día, de nuevo, queridos hermanos y hermanas, podemos comenzar esta vida de amor que Jesús ha dado por nosotros para salvar al mundo del odio, de la violencia, de la guerra y del pecado. 



Y depende de cada uno de nosotros, el destino de este mundo, si cada uno de nosotros los cristianos trata de vivir como Jesús, el mundo va a cambiar y ser mejor. Pero si también nosotros los cristianos sólo queremos vivir para nuestra propia ganancia y comodidad el mundo será peor. 


Hemos recibido una gracia tan grande como cristianos, pero a la vez es una responsabilidad y una tarea muy grande sobre todo, aquí en nuestra situación, en Suecia, donde nosotros, los católicos somos pocos, es tan importante vivir nuestra vida como discípulos de Jesús, es difícil, pero se puede vivir con alegría. Y yo quiero agradecer a todos los fieles de América Latina que nos han mostrado la alegría  cristiana porque aquí en Suecia somos demasiado serios. Se pueden ver los rostros en el Tunel Bana siempre muy serios. Nos falta mucho esta alegría, por eso les doy gracias a ustedes que nos han alegrado para verdaderamente descubrir de esta alegría del Señor Resucitado Queridos hermanos y hermanas, los santos han vivido de tal manera que nos muestras como también nosotros podemos ser santos. 


Los santos son nuestros mejores amigos y quieren ayudarnos a vivir nuestra vida del modo mejor. Yo en la confirmación siempre tengo mucha curiosidad para saber que nombre de santos han escogido los que reciben el sacramento de la confirmación y hoy por la mañana en Södertelje ya he tenido confirmaciones y una chica quiso llamarse: Guadalupe, en honor de las carmelitas, no se, pero sabemos que los santos son los mejores amigos nuestros y nos ayudan a vivir de una manera más seria nuestra confesión. Es una ayuda tener una amigo que reza por nosotros y nos inspira a vivir en la presencia continua de Jesús. 


Necesitamos amigos santos para ser santos. Necesitamos el Espíritu Santo para no olvidarnos de esta vocación y de esta gracia. Es un servicio muy grande del Espíritu Santo que siempre quiere recordarnos esta verdadera  vocación que al mismo tiempo es la alegría más grande en esta vida. Creo que es muy importante para todos nosotros vivir siempre en esta alegría del Señor Resucitado. Es nuestra vocación especial acá en Suecia. Ustedes que hoy reciben el sacramento de la confirmación son jóvenes, y más o menos, tienen toda su vida delante de ustedes, por eso es tan importante hacer algo bonito de su vida y comprender que tenemos todos esta libertad de poder elegir entre Dios y el enemigo.. Cada día tenemos que discernir el camino de Jesús, pero también podemos olvidarnos de esta gracia y tomar el camino equivocado. Sabemos que el hombre es capaz de todo, hacerse santo o hacerse demonio. Los periódicos y la televisión cada día nos hablan de tantos crímenes terribles, pero rara vez nos hablan, de lo lindo, de lo bonito, de lo santo y por eso es una tentación olvidarnos de nuestra vocación de ser amigos de Jesús.
Hoy en el Evangelio dice Jesús: no me habéis elegido vosotros a mi, si no yo os he elegido a vosotros y os he destinado a que vayan y den fruto y un  fruto permanezca de modo que todo lo que pidáis en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros. Somos los elegidos de Jesús, somos los amigos de Jesús, somos los amigos de los pobres y de los que sufren, tenemos la vocación de amar a los que no han recibido el amor y mostrarles el amor y esta es la vocación de cada uno de nosotros, buscar en torno a los otros, las personas que no han recibido ni el amor de Dios, ni el amor de los demás y tratar de mostrarles este amor verdadero de Dios. Es la tarea del Espíritu Santo ayudarnos a descubrir a los que necesitan nuestro apoyo y nuestra oración. 


Cada mañana, de nuevo, tenemos que pedirle al Señor nos muestre como amar y servir a los demás, si queremos pertenecer a la tanda de Jesús como dice santa Teresa de Jesús , aquella santa. Aquella santa, verdaderamente quería vivir su vida entera para la gloria de Jesús. De tal manera cada momento de su vida era un  encuentro con El y un encuentro con los demás.  Ojalá fuera lo mismo para ustedes queridos confirmandos que hoy reciben este sacramento del Espíritu Santo para ser santos en su vida como discípulos de Jesucristo. Como decía santa Teresa de Jesús



Hoy damos gracias por estos nuevos 15  confirmandos,  será una ayuda muy grande para la Misión Hispanohablante, pues necesitamos el testimonio de los jóvenes. Anders Arborelios, OCD, obispo de Suecia 




måndag 7 maj 2012

Retiro de Confirmacion


Retiro de confirmación. Un espacio para meditar como jovenes en cómo hemos nuestro ser de bautizados.....

Nos bautizaron cuando eramos pequeños, pero agradecemos este gran don a nuestros padres, porque la gracia ha estado actuando en nosotros. 
Junto al sacramento del Bautismo Dios nos ha dado la oportunidad de regresar a su casa cuando en nosotros se ha empañado la gracia bautismal. Esto por medio del sacrmanto de la penitencia. 
Dios nos da oportunidades para meditar en nuestra vida y palpar la necesidad de volver a El. 

Después de la Eucaristía en donde Jesús se nos da como pan vivo, hemos recordado como grupo, aquel solemne momento en que el comía por última vez con sus discípulos. 

Ahí también recordamos el signo que Jesús hizo en la última cena, Jesús lavó los pies a sus discípulos y con ello quedaba resumida su vida de servicio y amor. Con ese signo enseñaba a sus discípulos a ser servidores por amor. A nosotros, futuros  jovenes que recibirán el sacramento de la confirmación, Jesús nos dice lo mismo. 


El sacramento de la confirmación nos dará la fuerza de Dios en sus 7 dones para ser discípulos de Cristo y comprometernos más con su Iglesia. 

VEN ESPIRÍTU DIVINO ...REPARTE TUS 7 DONES.. SEGÚN LA FE DE TUS SIERVOS...

Gracias Dios por esta oportunidad de 2 años compartiendo con mis compañeros y catequistas. Gracias sobre todo, porque antes de que yo te buscara, tu ya me buscabas a mi. 

lördag 4 februari 2012

Del B. Juan Pablo II a los catequistas


Homilía del Papa Juan Pablo II por el Jubileo de los Catequistas

Llevar a los hombres a Cristo


1. "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos" (Lc 3, 4). Con estas palabras se dirige hoy a nosotros Juan el Bautista. Su figura ascética encarna, en cierto sentido, el significado de este tiempo de espera y de preparación para la venida del Señor. En el desierto de Judá proclama que ya ha llegado el tiempo del cumplimiento de las promesas y el reino de Dios está cerca. Por eso, es preciso abandonar con urgencia las sendas del pecado y creer en el Evangelio (cf. Mc 1, 15).

¿Qué figura podía ser más adecuada que la de Juan Bautista para vuestro jubileo, amadísimos catequistas y profesores de religión católica? A todos vosotros, que habéis venido desde diversos países, en representación de numerosas Iglesias particulares, dirijo mi afectuoso saludo. Agradezco al señor cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación para el clero, y a vuestros dos representantes, las amables palabras que, al comienzo de esta celebración, me han dirigido en nombre de todos vosotros.

2. En el Bautista encontráis hoy los rasgos fundamentales de vuestro servicio eclesial. Al confrontaros con él, os sentís animados a realizar una verificación de la misión que la Iglesia os confía. ¿Quién es Juan Bautista? Es, ante todo, un creyente comprometido personalmente en un exigente camino espiritual, fundado en la escucha atenta y constante de la palabra de salvación. Además, testimonia un estilo de vida desprendido y pobre; demuestra gran valentía al proclamar a todos la voluntad de Dios, hasta sus últimas consecuencias. No cede a la tentación fácil de desempeñar un papel destacado, sino que, con humildad, se abaja a sí mismo para enaltecer a Jesús.

Como Juan Bautista, también el catequista está llamado a indicar en Jesús al Mesías esperado, al Cristo. Tiene como misión invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador. Como el Precursor, el catequista no debe enaltecerse a sí mismo, sino a Cristo. Todo está orientado a él: a su venida, a su presencia y a su misterio.

El catequista debe ser voz que remite a la Palabra, amigo que guía hacia el Esposo. Y, sin embargo, como Juan, también él es, en cierto sentido, indispensable, porque la experiencia de fe necesita siempre un mediador, que sea al mismo tiempo testigo. ¿Quién de nosotros no da gracias al Señor por un valioso catequista -sacerdote, religioso, religiosa o laico-, de quien se siente deudor por la primera exposición orgánica y comprometedora del misterio cristiano?

3. Vuestra labor, queridos catequistas y profesores de religión, es muy necesaria y exige vuestra fidelidad constante a Cristo y a la Iglesia. En efecto, todos los fieles tienen derecho a recibir de quienes, por oficio o por mandato, son responsables de la catequesis y de la predicación respuestas no subjetivas, sino conformes al Magisterio constante de la Iglesia y a la fe enseñada desde siempre autorizadamente por cuantos han sido constituidos maestros y vivida de modo ejemplar por los santos.
A este propósito, quisiera recordar aquí la importante exhortación apostólica Quinque iam anni, que el siervo de Dios Papa Pablo VI dirigió al Episcopado católico cinco años después del concilio Vaticano II, es decir, hace treinta años, exactamente el 8 de diciembre de 1970. Él, el Papa, denunciaba la peligrosa tendencia a construir, partiendo de datos psicológicos y sociológicos, un cristianismo desligado de la Tradición ininterrumpida que le une a la fe de los Apóstoles (cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 10 de enero de 1971, p. 2). Queridos hermanos, también a vosotros os corresponde colaborar con los obispos a fin de que el esfuerzo necesario para hacer que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo comprendan el mensaje no traicione jamás la verdad y la continuidad de la doctrina de la fe (cf. ib., p. 3).

Pero no basta el conocimiento intelectual de Cristo y de su Evangelio. En efecto, creer en él significa seguirlo. Por eso debemos ir a la escuela de los Apóstoles, de los confesores de la fe, de los santos y de las santas de todos los tiempos, que han contribuido a difundir y hacer amar el nombre de Cristo, mediante el testimonio de una vida entregada generosa y gozosamente por él y por los hermanos.

4. A este respecto, el pasaje evangélico de hoy nos invita a un esmerado examen de conciencia. San Lucas habla de "allanar los senderos", "elevar los valles", "abajar los montes y colinas", para que todo hombre vea la salvación de Dios (cf. Lc 3, 4-6). Esos "valles que deben elevarse" nos hacen pensar en la separación, que se constata en algunos, entre la fe que profesan y la vida que viven diariamente: el Concilio consideró esta separación como "uno de los errores más graves de nuestro tiempo" (Gaudium et spes, 43).

Los "senderos que deben allanarse" evocan, además, la condición de algunos creyentes que, del patrimonio integral e inmutable de la fe, cortan elementos subjetivamente elegidos, tal vez a la luz de la mentalidad dominante, y se alejan del camino recto de la espiritualidad evangélica para tener como referencia vagos valores inspirados en un moralismo convencional e irenista. En realidad, aun viviendo en una sociedad multiétnica y multirreligiosa, el cristiano no puede menos de sentir la urgencia del mandato misionero que impulsó a san Pablo a exclamar: "¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!" (1 Co 9, 16). En todas las circunstancias, en todos los ambientes, favorables o desfavorables, hay que proponer con valentía el evangelio de Cristo, anuncio de felicidad para todas las personas, de cualquier edad, condición, cultura y nación.

5. La Iglesia, consciente de ello, en los últimos decenios ha puesto mayor empeño aún en la renovación de la catequesis según las enseñanzas y el espíritu del concilio Vaticano II. Basta mencionar aquí algunas importantes iniciativas eclesiales, entre las que figuran las Asambleas del Sínodo de los obispos, especialmente la de 1974 dedicada a la evangelización; y también los diversos documentos de la Santa Sede y de los Episcopados, editados durante estos decenios. Un lugar especial ocupa, naturalmente, el Catecismo de la Iglesia católica, publicado en 1992, al que siguió, hace tres años, una nueva redacción del Directorio general para la catequesis. Esta abundancia de acontecimientos y documentos testimonia la solicitud de la Iglesia que, al entrar en el tercer milenio, se siente impulsada por el Señor a comprometerse con renovado impulso en el anuncio del mensaje evangélico.

6. La misión catequística de la Iglesia tiene ante sí importantes objetivos. Los Episcopados están preparando los catecismos nacionales, que, a la luz del Catecismo de la Iglesia católica, presentarán la síntesis orgánica de la fe de modo adecuado a las "diferencias de culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 24). Un anhelo sube del corazón y se convierte en oración: que el mensaje cristiano, íntegro y universal, impregne todos los ámbitos y niveles de cultura y de responsabilidad social. Y que, en particular, según una gloriosa tradición, se traduzca en el lenguaje del arte y de la comunicación social, para que llegue a los ambientes humanos más diversos.

En este momento solemne, con gran afecto os animo a vosotros, comprometidos en las diversas modalidades catequísticas: desde la catequesis parroquial, que, en cierto sentido, es levadura de todas las demás, hasta la catequesis familiar y la que se imparte en las escuelas católicas, en las asociaciones, en los movimientos y en las nuevas comunidades eclesiales. La experiencia enseña que la calidad de la acción catequística depende en gran medida de la presencia pastoralmente solícita y afectuosa de los sacerdotes. Queridos presbíteros, en particular vosotros, queridos párrocos, que no falte vuestra diligente laboriosidad en los itinerarios de iniciación cristiana y en la formación de los catequistas. Estad cerca de ellos, acompañadlos. Es un servicio muy importante que la Iglesia os pide.

7. "Siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio" (Flp 1, 4-5). Amadísimos hermanos y hermanas, de buen grado hago mías las palabras del apóstol san Pablo, que la liturgia de hoy vuelve a proponer, y os digo: vosotros, catequistas de todas las edades y condiciones, estáis siempre presentes en mis oraciones, y el recuerdo de vosotros, comprometidos en la difusión del Evangelio en todo el mundo y en todas las situaciones sociales, es para mí motivo de consuelo y esperanza. Junto con vosotros deseo hoy rendir homenaje a vuestros numerosos compañeros que han pagado con todo tipo de sufrimientos, y a menudo también con la vida, su fidelidad al Evangelio y a las comunidades a las que fueron enviados. Quiera Dios que su ejemplo sea estímulo y aliento para cada uno de vosotros.

"Todos verán la salvación de Dios" (Lc 3, 6), así proclamaba en el desierto Juan el Bautista, anunciando la plenitud de los tiempos. Hagamos nuestro este grito de esperanza, celebrando el jubileo del bimilenario de la Encarnación. Ojalá que todos vean en Cristo la salvación de Dios. Para eso, deben encontrarlo, conocerlo y seguirlo. Queridos hermanos, esta es la misión de la Iglesia; esta es vuestra misión. El Papa os dice: ¡Id! Como el Bautista, preparad el camino del Señor que viene.

Os guíe y asista María santísima, la Virgen del Adviento, la Estrella de la nueva evangelización. Sed dóciles, como ella, a la palabra divina, y que su Magníficat os impulse a la alabanza y a la valentía profética. Así, también gracias a vosotros, se realizarán las palabras del Evangelio: "Todos verán la salvación de Dios".

¡Alabado sea Jesucristo!